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El poder de la doble limpieza

¿Te ducharías con la ropa puesta? Por supuesto no. Piensa en el maquillaje como la vestimenta de tu rostro. Si el maquillaje no se retira correctamente antes de lavarse la cara, actúa como una barrera entre la piel y el limpiador facial.

 

Para darle una profunda limpieza a tu piel al final del día, hay dos tipos de impurezas que debemos eliminar; el maquillaje y la acumulación de suciedad del día. Para eliminarlo todo, necesitas una buena estrategia: primero, un desmaquillador con base de aceite para disolver un maquillaje tenaz y duradero (base, corrector, colorete, etc.…), seguido de un limpiador facial para eliminar el sudor, la contaminación, la suciedad y cualquier acumulación de aceite atrapado en los poros. Con este enfoque de dos pasos, verás un aumento notable de luminosidad en tu rostro. Además, los poros purificados significan una mejor absorción del tratamiento de cuidado de la piel y de un mejor resultado de tu maquillaje.

 

Desmaquillarse para principiantes

¿Tienes un poco más de tiempo para unos mimos al final de un largo día? Date un masaje facial con una leche de limpieza que se derrite sobre tu piel, como Take the Day Off Milk. Esta suave fórmula disuelve fácilmente el maquillaje más tenaz y deja la piel más suave, con una luminosidad saludable. Coge una pequeña cantidad de producto y masajéalo sobre la piel seca con movimientos circulares, desde el centro de la cara hacia afuera. Luego, masajea delicadamente tus ojos para evitar que se extienda el maquillaje sobre toda la cara. Por último, humedece una toalla limpia con agua tibia, sujétala y ponla sobre el rostro durante 5 segundos. Usa la tela para limpiar suavemente todos los restos de maquillaje. Vuelva a enjuagar la tela con agua fría y vuelve a aplicarla en la cara para cerrar los poros. Repite después de nosotros: ahhh.

 

 

Piel realmente limpia

Una vez eliminado el maquillaje y la suciedad de tu piel, tu limpiador puede ponerse manos a la obra. Esta segunda limpieza, va más allá de las impurezas superficiales y profundiza para purificar tu piel y brindarte la máxima limpieza. Lo que significa que cuando te laves el rostro, tu limpiador podrá enfocarse en las preocupaciones reales de tu piel (granitos, sequedad, rojeces...). ¿Otra ventaja? Cuando la piel está tan limpia, los serúms y las lociones se absorben mejor y pueden llegar a funcionar más rápido, de esta manera optimizarás tu dinero. Todo es ganar y ganar.

 

¿Aún no te has encontrado con tu limpiador alma gemela? Busca una fórmula que no seque tu piel y que el deje muy suave. Existen algunos ingredientes que debes tener en cuenta a la hora de elegir tu limpiador, cómo la glicerina, el extracto de algas y el ácido hialurónico. Atraen la humedad, lo que significa que no sentirás esa sensación de sequedad y tirantez después de lavarte la cara.

 

El jabón líquido facial está diseñado para eliminar la suciedad y la grasa, y elevar el nivel de pH de tu piel. Se enjuaga con facilidad, no la irrita y no deja ningún residuo, por lo que mi piel nunca esta seca o tirante. Si tu piel es grasa te recomendamos Liquid Facial Soap Oily Skin Formula, que minimiza cualquier grasa superficial inmediatamente y con el tiempo regula la producción de sebo. Después de la limpieza, la piel está tan cómoda, que ni siquiera se siente que necesite crema hidratante. Es una buena señal de que estás usando la fórmula correcta.